Brassiere…

Desde hace ya bastantes días que utilizo los servicios de un hostal de “cama y desayuno” cuando visito esta ciudad.

Me resultó no solamente más económico sino que además es interesantísimo ver cómo es que suceden las cosas en estos albergues.

Primeramente mencionaré que en definitiva y descontando a quienes administran el lugar, soy el más “grande” (por la edad pues).

Enseguida diré que uno de los tantos atractivos adicionales, es que llegan a este sitio jóvenes de ambos sexos y de todas las nacionalidades.

Obvio es que a la hora en la que nos reunimos en la habitación en donde se encuentra el Televisor, las Computadoras (para quienes no traen su LapTop) y las máquinas expendedoras de bebidas refrescantes, no falta nunca la buena plática.

Para quienes hablamos el español, el “portoñol” y el “espanglish” no resulta nada complicada la comunicación. Pero cuando llegan damitas o caballeros de paises en donde el alemán, el danés, el ruso, el francés o el italiano son sus lenguas madres, entonces es cuando el ingés es puesto a prueba.

La noche de anoche no fue la excepción y poco a poco la habitación se iba llenando. Pronto aquello era una ordenada tertulia en la que departíamos temas diversos y como si fuese su profesor de Historia De México, todos atentamente seguían mis palabras (desafortunadamente en inglés).

Eran casi las 23:00 horas y con amabilidad el administrador del hostal nos invitó a seguir la velada en nuestras respectivas habitaciones, pues él debía cerrar ese lugar hasta el día siguiente.

Salimos pues y en mi habitación, la que comparto con algunos de mis improvisados alumnos, continuamos.

Ya era casi media noche cuando el tema estaba por el momento sanjado y el cansancio hacía mella en el maduro profesor y sus joviales alumnos. Les di con toda amabilidad y cortesía las buenas noches y tomé mi litera.

Aquí deseo anotar que por cuestiones de mi corpulencia y edad, tomé la cama baja para no sufrir las incomodidades que representa el subir y bajar.

Ya entrada la madrugada, repentinamente comencé a sentir un ligero movimiento telúrico, lo que es muy usual en esas latitudes.

Sería el cansancio de todos los que estábamos en esa habitación, pero al parecer yo fui el único que se percató de ello.

Tomé un sorbo de néctar de mango que había dejado en mi mesita de dormir para la sed de la noche y me dispuse a arroparme nuevamente.

Repentinamente comencé a escuchar y sentir mucho movimiento en la cama superior. Se encendió la luz de una lamparita de mano y repentinamente en mi cara cayó un objeto color negro.

La luz iluminó mi rostro y fue entonces que ella con acento de quien habla portugués brasileño pidió mil y un disculpas por el altercado, pues su “brassiere” había dado justo en mi rostro.

Yo lo tomé con hilaridad y le mencioné que no había problema alguno, pues la verdad eso pudo pasar a cualquiera.

En son de broma pero tras percatarme de que ella se suponía que no debía estar en la misma habitación con los demás caballeros, le mencioné que peor hubiese sido que fuese una prenda interior de alguno de mis compañeros.

Charlamos muy brevemente y tras amablemente cortar la conversación, me dispuse de nuevo a entregarme a los brazos de Morfeo.

Casi conciliaba mi sueño cuando de repente fue un movimiento en mi litera mucho mayor el que me despertó. Para mi sorpresa era ella acomodándose a mi lado sin nada puesto encima.

Yo abrí los ojos de una forma tan desmesurada que ella volteó a ver si se trataba de algo o alguien más. Al percatarse de que no había en la habitación nadie más que estuviese despierto, ella procedió a aproximarse a mi.

Frente a frente sentados como podíamos en esa cama baja nos quedamos viendo uno al otro.

Ella entonces tomó mi mando derecha y con lentitud pero sin parcimonia la colocó en su seno izquierdo.

Yo instintivamente la comencé a cerrar y mover orbitalmente con suavidad. Ella entonces comenzó a cerrar sus ojos y ofrecerme su otro seno desnudo.

Yo entonces le abracé y con mis labios besé ese hermoso cuello y poco a poco fui bajando entre besos y labios hasta alcanzar esos hermosos pezones que por la acción de mis manos ahora se erigían.

Ella tomó mi cabeza y firmemente la acercó aún más hacia su pecho. Ella gemía tan lindo y de manera tan suave, que de inmediato entré en “calor”.

Bajé por su cintura y al llegar a su pubis no tuve más remedio que atacar esa bien depilada vagina. Separé sus labios mayores con mis dedos y con mi lengua procedí a atacar al clítoris que se escondía en la parte superior de ese “Sanctum Sanctorum”.

Metí la lengua en la cavidad vaginal y con mis labios comencé a succionar suavecito y con un ritmo cada vez más acelerado.

Tome ese hermoso y torneado par de muslos y levantándolos sobre mi cabeza procedí a lamer ese exquisito esfínter.

Ella se movía cada vez con más fuerza y yo comencé a temer que alguien más despertara. Estaba en esas cavilaciones cuando de repente ella dio un giro de ciento ochenta grados para colocar su cabeza en mi entrepierna.

Ahora ella atacaba mi pene con su boca, mientras yo atacaba su vagina con la mía.

Parecía que le gustaba ejecutar el felatio y lo realizaba con maestría. Cada vez tomaba con más fuerza mis caderas y deglutía más profundamente a mi pene.

Ya no podía esperar más. Ahora me coloqué a su lado y realizando la pose “de cucharita” procedí a penetrar su vagina.

Ella me pidió con deliciosos susurros que comenzara lento, para poco a poco guiarme en un éxtasis de movimientos estrambóticos en los que la penetraba salvajemente, mientras que con mis manos masajeaba ese exquisito par de senos.

Repentinamente ella entró en un orgasmo que alcanzó a ahogar guturalmente con una almohada, mientras que yo hacía lo propio cerrando completamente mi boca.

Agotados, extasiados y muy felices nos dedicamos a acariciarnos el uno al otro mientras nos quedábamos profúndamente dormidos.

Desperté muy temprano, le cubrí con mi sábanas, salí de la habitación y tras realizar mis abluciones matinales, salí a la calle para comenzar un día más.

Ahora ya en mi cubículo viene a mi mente una y otra vez su rostro, su cuerpo y esa exquisita experiencia que nos obsequiamos mutuamente. Cómo espero poder verla esta noche…

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