El beso del socorrista

La mujer muy delgada de unos 70 años, de piel quemada por el sol, yacía en la orilla inerte, la tendí boca arriba, vomitaba algo de agua de modo que torcí su cabeza hacia un lado, dejando que expulsara parte del agua salada alojada en su interior.

Bajé los tirantes de su traje de baño para que no oprimiera su torax le saqué la dentadura postiza, que andaba ligeramente suelta en su boca de labios amoratados, con el pulgar estiré la lengua hacia abajo, para intentar que el aire fluyera en aquellos pulmones gastados.

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Me arrodillé junto a ella, le coloqué una mano en la nuca, la otra en la frente, elevando ligeramente la de la nuca y empujando con la de la frente, su extensión de la cabeza era perfecta, su cabeza no pesaba casi nada.
En esta posición, bajé la mano de la frente hacia la nariz y con dos dedos la ocluí totalmente. Llegué al punto que más me gustaba inspiré todo el aire que pude, ese aire que iba a compartir con esa anciana, apliqué mi boca a la suya y soplé con fuerza.
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Fui moderando la cantidad y fuerza de mi soplido, no se como, tenía un sexto sentido que casi sin pensar, me hacia insuflár el aire justo, aunque en este caso mis pulmones hacían todo el trabajo, metiendo a presión el aire en los suyos.

Retiré mi boca y comprobé que salía mi propio aire, el que había depositado con energía y con esperanza, por su boca salía perfectamente, cada 5 segundos, le insuflaba aire, al cabo de 10 inyecciones de aire, noté una reacción espasmódica en su torax y abdomen, un vómito de agua salada y saliva inundó mi cara, sonreí estaba salvada, nada en este mundo era mejor que esto.

Luego sus ojos llorosos, de mirada extraviada, ese agradecimiento visual, lento, entre asustado e incomprensible, había salvado otra vida, el corro de bañistas cuyos rostros reflejaban angustia, me felicitaron, dándome palmadas en la espalda, mientras unos chicos de una ambulancia, se llevaban a la mujer en una camilla, antes de llevársela, ella pasó su mano rugosa por mi rostro.

La verdad es que tenía facilidad para el ‘boca a boca’, creo que por alguna razón inexplicáble, había entendido perfectamente el comportamiento de los pulmones, podía adaptarme a la respiración de los demás, el secreto era el ritmo, no enviar más aire del necesario, hacer que los pulmones de la víctima, les gustase respirar mi aire, seducirlos con ese oxígeno ya calentito que yo les enviaba, este verano que ya acaba había salvado a doce personas, había conseguido una cierta fama e incluso tenía una oferta para trabajar en una piscina de gente adinerada, luego algunos de aquellos que había salvado sus vidas, me visitaban en la caseta y me traían algún refresco, mientras me explicaban sus proyectos, que ya no fumaban, ni bebían, como si sus pulmones me pertenecieran un poco, en definitiva este trabajo de socorrista en la playa me encantaba.

Aquella tarde, ya estaba cerrando la caseta, en el momento que estaba alojando la llave en la cerradura, se acercó una chica, vestida solo con un bikini, un pareo en la parte inferior y un bolso grande de playa. Era una de las casi ahogadas de este verano, la reconocí inmediatamente, una mujer bastante joven, de frente despejada francamente bella, reconozco que mientras la salvaba en su día, tuve que hacer algún esfuerzo para no fijarme en su cuerpo, en sus curvas de mujer y su piel de bronce.

-Por tu culpa, ya no me gustan los besos de mi novio. Desde que me besaste, sentí tu aire en los pulmones, ahora todos los besos me parecen ridículos.

-Eso será que quizás no te guste tu novio, yo ahí no puedo hacer nada

-No, no, no, he estado besando otros hombres, cada día voy a la discoteca y me dejo besar cada dia con alguien diferente, ya se creen todos que soy la puta de los besos, pero necesito recuperar el sabor de mis besos, no siento nada, no puedo seguir así. Has arruinado mi vida

La verdad es que mientras hablaba, se le escapaban unas lágrimas y le temblaban un poco sus labios, su rostro me encantaba e incluso reconozco que me apeteció besar esos labios tan carnosos.

-Lo siento de veras, perdóname, si lo sé te dejo ahogar.

Bromeé, para eliminar la tensión

-Mira, no se que pensarás, pero quiero besarte, creo que estoy obsesionada desde que me salvaste la vida y quizás si te beso y no noto nada, pues consiga cerrar esta puerta abierta, eliminar esta obsesión que me corroe y rehacer mi vida sentimental.
Será un beso terapeútico no te preocupes, no volveré a molestarte.

La situación me estaba superando, porque realmente estaba asustado y si todos los que habia salvado, venían a reclamar por haberles estropeado sus vidas sentimentales, era tan bella¿y si la decepcionaba y no volvía a verla nunca más?

-Empujé la puerta de la caseta y la hice pasar, se sentó en la camilla de cuero negro mirándome fijamente …


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Bueno amigos lectores, no se que final ponerle a esta historia… tengo que enfriarme un poco, (me he obsesionado con la protagonista y no quiero aprovecharme de ella).

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