Fantasía inconfesable y admitida

Mi fértil imaginación ha creado un mundo apartado de este, donde la lujuria no se condena, se ejerce. En ese mundo sin inhibiciones puedo dar rienda suelta a aquello que siempre había querido hacer, como ser exhibida en una vitrina, con muy poca ropa, para que los caballeros que puedan costearlo me lleven a una suite lujosa donde cumpliré todas y cada una de sus solicitudes.

assSiempre fantaseé con ser puta. Hasta que me di cuenta que no era necesario dejar todas mis ideas para el plano de la fantasía. Si sabía cómo hacerlo, podría cumplir algunos de mis sueños más obscenos. Me fui perfeccionando en el arte de ocultar, de fingir que era tan correcta como todas las demás mujeres de mi edad. Aprendí a ocultar mi putería. Hice todo lo que se supone está bien para las mujeres de mi edad. Todo para no levantar sospechas de lo que realmente yo hacía para ganarme la vida. Conseguí un trabajo paralelo, que sea cortina de humo, que distraiga de la verdadera fuente de mis ingresos económicos, algo que se pueda contar en sociedad.

El sexo con dinero se disfruta más, y eso me lo enseñó la vida. Me he dado el lujo de retozar en los mejores hoteles, en cruceros y yates privados, incluso una vez, en un jet. El dinero paga las excentricidades, y también el sexo, que era moneda de intercambio para los encuentros que he gozado en mi vida de puta solapada. Claro que el dinero no paga la compañía, esa la doy desinteresadamente cuando el cliente me gusta, me quedo más tiempo, o le hago extras sin cobrarle. Cortesía de la casa.

mujer-eroticaNo todas las mujeres admiten que les gusta la putería. Niegan su sexualidad, sus deseos, por ese temor del qué dirán. En voz alta, la mayoría dice soñar con ser profesionales, casarse por la iglesia y tener hijos. Yo en voz no tan alta, en susurros acaso, acepto que desde siempre soñé con dos hombres sometiéndome a la vez, uno dándome duro por abajo mientras me engullo a otro. Lo admito no tan alto, para evitar juicios y malos ratos. Pero tampoco lo niego, para poder repetir la experiencia con los hombres con suficiente olfato para detectar mi putería.

Ahora debo irme. Me espera uno de mis mejores clientes, quiere mi compañía por toda una semana. Lo acompañaré en un viaje de placer alrededor de las islas griegas. Mientras para todos estoy de vacaciones, pocos sabemos que a esto me dedico: a ser trofeo de hombres muy pudientes con perversiones que complazco sin límites ni pudor.

About the Author

Pornógrafa, escritora de erótica de ficción. Escribo sobre BDSM, intercambio de parejas, sexo en grupo, masturbación solo, en pareja, exhibicionismo, bondage. Mi estilo es explícito y apto estrictamente para personas adultas.

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