Mi amante

No fui hecho para estar bajo demasiada tensión en demasiados flancos. El día de hoy no es la excepción. El hecho de que laboralmente y domésticamente me pongan los nervios “a full”, es algo nada divertido.

Siguiendo una muy vieja tradición en mi, procedí a estacionar el auto en un lugar y simplemente descender de él para caminar. Sin rumbo fijo tal vez, con la mirada perdida y tratando de poner mis pensamientos en orden.

Caminé por esa vieja avenida que lucía muy distinta a como yo la recordaba. Ya los comercios habían cambiado, la gente la noté distinta y sencillamente era como si yo fuera un extraño en tierra extraña.

Mis pies no me permitieron seguir mucho rato y recordando aquel parque que tenía una fuente muy cantarina, apresuré el paso y llegue a ella.

De un local cercano que vende bebidas calientes, compré un chocolate y procedí a buscar un sitio en donde dejar caer mi maltrecha osamenta. No tardé mucho en encontrarlo, pues por la hora y por el hecho de que casi terminaba de llover, todo estaba disponible.

Me senté y sería por todo eso que tenía en la cabeza, que no me percaté de la persona que estaba al otro extremo de la banca. De ella salió un leve “buenas noches”, que tras sorprenderme procedía a contestar de manera idéntica.

Al contestar el saludo pude darme cuenta que se trataba de una mujer joven. De piel aceitunada, menudita, le tapaba un enorme abrigo gris y algo que me llamó toda mi atención fue su cabello y su exquisito perfil.

Su cabello era más negro que la misma noche. Sus facciones eran finitas. Como si alguien las hubiese esculpido con muchísimo cuidado y amor. Su mirada estaba hacia la nada, pero dejaba ver unos ojos grandes y hermosos.

Sería que me quedé viéndola por largo rato, pero ella giró su cabeza y de inmediato me lanzó una pregunta: -“¿Le parezco conocida, o por qué me mira?”-.

He de confesar que me sentí incómodo y lo más probable es que mi cara se ruborizaba de manera más que evidente, pues ella de inmediato cambió su gesto adusto por una mirada más tierna mientras me decía: -“Perdón por haber sido algo ruda, pero la verdad una se encuentra con cada persona en estos lares”-.

Yo simplemente le dije que no tenía por qué disculparse, pues la verdad en ocasiones mi mirada si resultaba “per se” algo penetrante en ocasiones. Ella se acercó un poco y de manera casi automática yo también. Estábamos a solo medio metro uno de otro y comenzamos una conversación que en un principio era banal, para luego convertirse en una conversación más madura.

Le invité a pasar a un pequeño restaurante que aún tenía servicio y ella aceptó. Pedimos de beber y de comer, para volver a enfrascarnos en la plática. Muy pronto empecé a notar más bellos atributos en ella.

Su cuello era delgado y estilizado. Sus hombros eran torneados y la blusa dejaba ver lo que era un par de senos muy bien formados y naturales. En una ocasión en la que ella tuvo que abandonar la mesa, me di cuenta que sus piernas eran hermosas y sus glúteos algo realmente maravillosos.

Para no volver a la ruborización, las miradas fueron según mi entender cortas, casuales y nada comprometedoras, pero al parecer eso no era suficiente, pues de inmediato y de manera maliciosa se acercó mas a la mesa, apoyando el par de senos en ella y simplemente guiñar su ojo derecho.

Definitivamente mi ruborización le pareció divertida, pues al hacerse evidente simplemente rió y acercó más su silla a la mía.

Comimos, bebimos algo y muy pronto era hora de retirarnos. Ella me indicó que la estaba pasando bien a mi lado y me invitó a ir a su casa, que no quedaba lejos del lugar.

Sería mi embotamiento en ese celestial monumento, pero pronto estaba yo siguiéndole sus pasos como un gato tras su ama. Pronto estuvimos en la puerta de su casa y me hizo entrar.

Ella dejó su abrigo y se descalzó casi a la entrada. Intentó accionar el interruptor para iluminar la entrada, pero al parecer había un “apagón”. Ella sacó unas velas y una lámpara de aceite, que iluminaron el lugar de manera muy “ad-hoc” a lo lluvioso de la noche y lo íntimo del lugar.

Nos sentamos a tomar un poco de jerez y pronto yo no era otra cosa que un reverendo estúpido embebido en todas sus formas. Ella entonces tomó mi copa y la dejó junto a la suya, para entonces acercarse mas a mi y obsequiarme un pequeño pero fulminante beso en mis labios.

Se levantó y al querer imitarle, ella apoyó su mano en mi cara y con voz muy sensual y algo maliciosa me dijo: -“No. Espera sentadito aquí.”- Yo no hice mas que acatar esa orden.

Prenda a prenda se retiró toda la ropa para de pronto tenerla frente a mi, de pie y mirándola como mira un niño una tienda de golosinas. Ella entonces tomó mi cabeza y mientras ella apoyaba una pierna en el descansabrazos del sillón, hacía llegar mi cara a ese perfumado y delicioso pubis.

Yo sabía que hacer. Mis labios cubrieron sus labios vaginales y mi lengua comenzó a introducirse entre ellos, buscando un clítoris que pronto estuvo a mi alcance.

Con mis manos tomé sus glúteos y con ello pude acercarme mucho más y presionar más fuerte mi boca en la deliciosa cavidad, en donde mi lengua cual apasionado espeleólogo ya estaba dentro y explorando cuanto resquicio había.

Empezó a proferir unos suaves pero muy sensuales gemidos, mientras con su cadera hacía movimientos ondulatorios que dieron como resultado que me excitara aún más.

Me erguí un poco, la hice girar y con mi mano derecha en su espalda le indiqué sin palabras que se arqueara un poco, para entonces tener ante mi ese bellísimo y firme par de glúteos, que comencé a besar con harta pasión.

Las manos de ella entonces separaron los carnosos glúteos para dejar ver su ano y su vagina. Pronto y sin dilación alguna procedía a atacar su cavidad anal con mi lengua, secretando saliva sobre cada pliegue y poco a poco penetrándolo suavecito.

Con movimientos pendulares, acervaba y alejaba sus caderas de mi cara, la cual ya tenía sumergida por completo en ese par de nalgas. Me encontraba poseído por la excitación y pronto ella estaba enloquecida y pidiéndome fuese más allá.

Llevé mis dedos a la boca para sumergirlos en saliva y entonces empecé a masajear su esfínter anal para poco a poco penetrarlo y dilatarlo. En lo que casi era un grito ahogado, me exigió la penetrase. Pronto me quité mis zapatos, pantalones y ropa interior para entonces atacar con mi inquieto y muy erecto miembro viril a su vagina.

Ambos de pie y con movimientos frenéticos y estrambóticos, comenzamos a subir aún más la temperatura. Mis manos en sus senos, ella profiriendo gemidos y pequeños sonidos que me animaban a acelerar más y más.

Pronto su vagina era un fluir y fluir de líquidos, para que pronto ella estallase en un orgasmo llenando la habitación con un grave gemido. Nos quedamos un momento quietos. Ella entonces pasó a colocarse en cuatro puntos aprovechando la singular forma del sofá, para entonces abriendo sus glúteos con sus manos, prácticamente me exigiera que le hiciese sexo anal.

Muy despacio al principio, comencé penetrando su ano. Poco a poco. Para no causar dolor. Ella entonces en un movimiento que me dejó atónito, llevó su riquísima cadera hacia mi provocando que mi pene penetrase por completo. Ella entonces comenzó con el movimiento de va-y-ven para entonces entendiendo su ritmo, yo siguiese ese maravilloso ritmo.

La velocidad fue en aumento y ella notó que estaba pronto a eyacular. Maliciosamente empezó a indicarme con gemidos que quería más y mas fuerte mi penetración. Seguí aumentando la velocidad y aguantando cuanto más pude, el grito orgásmico de ella fue el catalizador para tener una eyaculación explosiva dentro de su recto.

Con estertores orgásmicos seguí poco a poco su ritmo lento, para que tras quedarnos un momento quietos, procediese a retirar mi pene de su ano. Ella entonces me pidió le acercara mi pene, para con su mano darme un suave masaje que me hizo sentir un placer muy intenso.

Agotados, saciados, como dos seres que acababan de experimentar lo mas sublime y hermoso de este mundo, quedamos abrazados yo detrás de ella, mientras que con mis mano libre cubría su seno.

¿Cuánto tiempo pasaría? No lo se. Súbitamente regresó el suministro de energía eléctrica. Nos sentamos un momento, nos miramos tiernamente como un par de amantes, para entonces levantarme y ayudarle a levantarse.

Ella se cubrió solamente con su abrigo y to me volví a poner mis ropas. Nos sentamos un momento, nos terminamos la botella de vino y tras un beso prolongado y muy erótico, nos intercambiamos números telefónicos para despedirnos en la puerta de su casa.

Caminé de regreso a mi vehículo que ahí me esperaba con una multa por estacionómetro en su parabrisas. Tomé la multa, la puse en mi bolsillo de la camisa y tras poner en marcha el vehículo me retiré manejando de regreso a casa calmo y con la mente más despejada.

Esa había sido una excelente noche. En esa noche conocí, a la que es y será por siempre mi amante.

About the Author

Escribir es un placer casi sexual. En los blogs desde noviembre de 2006. Autora de Las técnicas de Pitonizza para hacer el Amor y Cuentos de Amor y Sexo. Pitonizza escribe también en Pitonizza punto com

Deja un comentario.

Comentarios irrespetuosos o fuera de lugar no verán la luz del sol

This blog is kept spam free by WP-SpamFree.

You can use these XHTML tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <blockquote cite=""> <code> <em> <strong>